
Hay dos maneras de documentar una obra en el tiempo y sirven para cosas distintas.
La cámara fija
Se instala en un punto elevado —una grúa, un edificio contiguo, un mástil— y dispara varias veces al día durante meses. Da un timelapse continuo y suave, con la evolución de la luz y de las estaciones. Es lo que se publica el día de la entrega.
Ventajas: registro diario sin coste por visita, y acceso a la imagen del día para el seguimiento. Limitaciones: un solo punto de vista, y hay que resolver alimentación y conectividad.
El vuelo periódico
Una visita al mes con trayectoria repetible. Da vistas completas desde varios ángulos, ortofoto para cubicar y detalle de las zonas que pida la dirección de obra.
Ventajas: información técnica utilizable, no solo estética. Limitaciones: es una foto puntual del mes, no un registro continuo.
Lo razonable
En obras de más de seis meses, las dos. La cámara fija cuesta poco una vez instalada y aporta el material de comunicación; el vuelo aporta el control. Se complementan.
Frecuencia del vuelo
- Movimiento de tierras y estructura: quincenal, porque el avance es rápido.
- Cerramientos e instalaciones: mensual.
- Acabados: mensual o incluso más espaciado, porque desde el aire ya se ve poco.
Un detalle que marca la diferencia
Guardar la trayectoria de vuelo desde el primer día. Si cada visita repite exactamente la misma posición y orientación, el montaje final encaja plano sobre plano y el resultado es limpio. Si cada mes se vuela a ojo, el timelapse salta.
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