
En un directo no hay segunda oportunidad, así que el trabajo consiste en anticipar lo que puede fallar. Por orden de probabilidad:
1. La conexión
Es la causa número uno de directos caídos. La solución es no depender de una sola vía: la red del recinto más una vía propia, ya sea agregación de líneas móviles o antena satelital, con conmutación automática. En recintos llenos, la red móvil se satura justo cuando más falta hace.
2. El sonido
Un directo con imagen mediocre y buen sonido se ve; uno con imagen impecable y sonido malo se cierra a los diez segundos. El sonido se toma de mesa siempre que sea posible, con un micrófono de ambiente para dar sala, y se monitoriza en el control desde el principio.
3. La latencia de la señal aérea
La señal del dron llega con un retardo distinto al de las cámaras cableadas. Si no se compensa, el corte al plano aéreo desincroniza. Se ajusta en el mezclador antes de empezar.
4. La energía
Un directo largo consume más de lo que la gente calcula, y muchos recintos tienen cuadros justos. Se mide el consumo previsto, se pide potencia suficiente y se lleva grupo o baterías de respaldo para lo crítico.
5. Lo que no se ve
Grabación aislada de todas las cámaras. Si algo se estropea en directo, al menos existe el material para montar después una versión limpia. Cuesta poco y ha salvado muchas jornadas.
La visita técnica
Todo lo anterior se resuelve en una visita previa al recinto. Es la parte del presupuesto que más tienta recortar y la que más caro sale ahorrarse.
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