
La fotografía aérea tiene tres decisiones que condicionan el resultado mucho más que la aeronave: la hora, la altura y el formato.
La hora
En promoción, la hora buena es la primera y la última del día, con luz rasante que da volumen. La llamada hora azul —los veinte minutos posteriores a la puesta— funciona especialmente bien en edificios con iluminación encendida.
En documentación técnica es al revés: interesa el mediodía, con sombras cortas que no ocultan detalle, o el día nublado, que da luz plana y uniforme.
La altura
El error más común es volar demasiado alto. A cien metros todo se ve, pero nada destaca. Muchas de las mejores fotos aéreas están hechas a veinte o treinta metros, donde todavía se percibe la escala humana del sitio.
El formato
Disparar en JPEG es tirar información. El RAW conserva el margen para recuperar un cielo quemado o una sombra cerrada, algo habitual en un país con este contraste de luz. La diferencia se ve sobre todo en las tomas a contraluz.
Panorámicas
Uniendo varias tomas se consiguen imágenes de decenas de megapíxeles. Es la técnica para vistas generales que van a imprimirse en grande o de las que hay que recortar detalles.
Corrección de perspectiva
Un edificio fotografiado desde arriba con la cámara inclinada sale con las líneas convergentes. En fotografía de arquitectura eso se corrige, y conviene dejar margen en el encuadre para poder hacerlo sin perder composición.
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