
Tras un episodio de lluvias intensas, la primera necesidad no es reparar: es entender qué ha pasado y dónde. Y esa información, desde tierra, tarda mucho en reunirse.
Reconocimiento rápido
Un vuelo de reconocimiento en la primera hora da lo que ningún recorrido por carretera puede dar en un día: la extensión real de la zona afectada, qué accesos están cortados, dónde sigue habiendo agua y qué infraestructuras han cedido. Es información directamente útil para dirigir recursos.
Evaluación y documentación de daños
Pasada la fase de emergencia llega la de justificar. Aquí el dron aporta un reportaje fechado y georreferenciado del estado de fincas, invernaderos, naves, caminos y viviendas, que es exactamente lo que piden las compañías aseguradoras y los expedientes de ayudas. Cada imagen lleva en sus metadatos la fecha, la hora y las coordenadas.
Cauces y ramblas
En una provincia con ramblas como las del litoral y con cauces de fuerte pendiente, buena parte del daño ocurre por arrastre y por obstrucción. El vuelo permite recorrer el cauce completo y localizar los puntos donde se ha acumulado material o donde la erosión ha comprometido un muro o un paso.
Y una advertencia importante
En una emergencia activa el espacio aéreo puede estar restringido o ocupado por helicópteros de extinción y rescate. Volar por libre en esa situación es peligroso e ilegal, y puede obligar a suspender operaciones aéreas de emergencia. El apoyo con dron se presta bajo la coordinación del organismo que dirige la emergencia, nunca al margen de él.
Fuera de la emergencia, la mejor prevención es tener documentado el estado previo: una ortofoto anual de una finca o de una infraestructura convierte cualquier reclamación posterior en un asunto de comparación, no de palabra contra palabra.
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